Artículos de Arte
Faber est suae quisque fortunae

DOMENIKOS THEOTOKOPOULOS, EL GRECO (1541 - 1614) - 1a Parte

Durante los próximos tres meses voy a dejar de lado el Arte de India y vuelvo al Arte Occidental para hacer una pequeña biografía de este pintor tan peculiar y que no ha tenido gran fama mundial hasta que en el siglo XIX fuese descubierto en Francia gracias a la "Galería Española" del Rey Luis Felipe I de Orleans y más tarde en 1900 por Ignacio Zuloaga y otros pintores de la época, dando justa fama a su figura. Este extenso artículo, dividido aquí en tres partes, lo hice en el año 2014 con motivo del 400 aniversario de la muerte del artista y fue publicado en un par de revistas. Ahora lo dejo aquí para su lectura. En mi cuenta de Flickr hay un álbum con los cuadros existentes en Toledo de este pintor, si los quieres ver pincha aquí.


LOS PRIMEROS AÑOS HASTA LLEGAR A ESPAÑA

Domenikos Theotokopoulos, más conocido por el nombre que le dieron en Italia, "Greco", quizás sea el extranjero más conocido de su tiempo en España, y sin embargo no se sabe nada con certeza de los primeros veinticinco años de su vida, salvo que nació con casi toda probabilidad en 1541, en Candía (la actual Hiraclión), la capital de Creta que en esa época pertenecía a la República de Venecia. La fecha se calcula partiendo de una afirmación del propio artista, que en 1606 aseguraba tener 65 años de edad.[1]

En la metrópoli cretense, pues Creta había pasado a formar parte de Venecia ya en el año 1211, se mezclaron las culturas oriental y occidental, y aquí convivieron el cristianismo latino y el ortodoxo en igualdad de condiciones, de modo que no es posible saber con seguridad a cuál de las confesiones pertenecía la familia de El Greco.

La vida documentada del Greco comienza el 6 de junio de 1566 cuando en presencia de un notario cretense firmó como "Maistro Menegos Theotocopoulos, sgourafos", o sea, Maestro Domenikos Theotocopoulos, pintor[2]. Más tarde, el 26 de diciembre del mismo año recibe el permiso para vender una pintura suya, una Pasión de Cristo, en una lotería, forma corriente de vender pinturas en su tiempo[3], y que es tasada con un relativo precio de 70 ducados, lo que hace pensar que el artista ya gozaba de cierto prestigio.

En las escuelas dedicadas a la pintura de iconos, muy demandados en todo el Mediterráneo, se unían las ideas bizantinas con influencias occidentales que llegaban a Creta sobre todo en forma de obras gráficas, y es en este ambiente donde en uno de esos talleres debió aprender el oficio el Greco.

En el año 1983, se descubrió un cuadro firmado con su nombre en griego, "hecho por Domenikos Theotokopoulos", en la Catedral de la Dormición de Ermúpoli (isla de Siros)[4]. Se trata de una Dormición de la Virgen, fechada en 1567, que es la primera obra conservada que lleva la firma del artista y que revela su concepción general en la formación de la pintura de iconos, una pintura que se regía por modelos tipificados y no por estudios naturales.

El Greco - Dormición de la Virgen, hacia 1567 (temple sobre tabla), Santa Catedral de la Dormición, Ermúpoli, Isla de Siros, Grecia

El 18 de agosto de 1568, una carta atestigua su presencia en Venecia organizando el envío de unos dibujos al cartógrafo cretense Giorgio Sideris, llamado Calapodas[5] . Durante su estancia de tres años en Venecia, El Greco pintó una serie de obras que tienen un punto en común: el esfuerzo de El Greco por aprender el modo de trabajar, fundamentalmente distinto, de los artistas autóctonos, sobre todo Tiziano y Tintoretto, pero también Jacopo Bassano. Cambia su forma de pintar, deja el temple y comienza con el óleo, aunque no obstante durante toda su vida seguirá comenzando muchas de sus obras con pintura al temple. También cambia el soporte y preferirá el lienzo, aplicando primero una fina capa de blanco y sobre ésta otra de color entre rosa y rojo oscuro.

Una obra que marca la transición de pintor postbizantino de iconos a artista europeo de tipo latino, es el denominado Tríptico de Módena, cuyo desconocido comitente procediera quizás de una familia creto-veneciana.

Dos años más tarde, El Greco se desplazó a Roma, y allí entra en contacto con el miniaturista dálmata, Giulio Clovio, que estaba al servicio del cardenal Alejandro Farnesio. Así, el 16 de noviembre de 1570, Clovio escribió una carta a su mecenas recomendando a un "giovane Candiotto discepolo di Titiano" (un joven de Candía, discípulo de Tiziano), para que el cardenal le permitiera ocupar un cuarto en su palacio romano hasta que el joven artista encontrara alojamiento en la ciudad[6].

Quizás como agradecimiento, El Greco pintó un retrato de su amigo Clovio, el más antiguo que se conserva del artista croata, el cual lleva en la mano su obra más famosa: el Libro de Horas de la Virgen que realizó para el Cardenal Farnesio en 1546.

En el Palazzo Farnese, El Greco conoce a otro intelectual que será su principal mecenas romano, Fulvio Orsini, el cual estaba unido por una relación de amistad con el humanista español Pedro Chacón, quién a su vez se reunió en Roma durante el verano de 1571 con Luis de Castilla, que se convertiría en uno de los amigos más íntimos del artista, después de conseguirle diversos encargos durante sus primeros años en Toledo[7].

El Greco - Retrato de Giulio Clovio, hacia 1570, Museo Nacional de Capodimonte, Nápoles, Italia

La segunda referencia italiana de El Greco la tenemos el 6 de julio de 1572 en una carta dirigida al Cardenal Farnesio diciendo que le habían echado sin culpa propia[8]. Como reacción, el artista decidió seguir su camino y el 18 de septiembre de 1572, abonó dos escudos correspondientes a la tasa de inscripción en el gremio de pintores de San Lucas de Roma, donde estaba inscrito como miniaturista[9].

Entre septiembre de 1572 y octubre de 1576, es cuando está documentada por primera vez la presencia de El Greco en España, aunque no existen documentos con su nombre. No están nada claras las razones precisas por las que el artista, ya de edad madura, abandonó Italia y se vino a España pero todas las teorías concuerdan en un punto: que esperaba conseguir los importantes encargos que le fueron denegados en Roma. Su principal objetivo pudo haber sido obtener la protección del rey Felipe II.

En esta etapa romana, El Greco, ya tiene unas ideas originales que plasma en el tema de El Soplón, muy probablemente se trata de una "Ekphrasis", siguiendo el modelo clásico que ya tenía antecedentes en la pintura veneciana. El logro de El Greco consiste en aislar una figura individual y establecer una especial cercanía respecto del espectador mediante la luz y la perspectiva de "sotto in su".

El Greco - Muchacho soplando una candela  (El soplón), hacia 1571,  Museo Nacional de Capodimonte, Nápoles

El Greco - Retablo central de la iglesia del Convento de Santo Domingo el Antiguo, Toledo

LOS PRIMEROS AÑOS EN TOLEDO

Se supone que Luis de Castilla, cuyo padre Diego era el deán del cabildo catedralicio de Toledo, tuvo algo que ver con que El Greco viniese a España, más concretamente a Toledo, donde se le documenta en 1577[10]. Por una afortunada coincidencia, Diego de Castilla estaba supervisando la construcción y decoración de la iglesia conventual de Santo Domingo el Antiguo de Toledo, y siguiendo la indicación de su hijo, Castilla decidió encargar al artista la realización de tres retablos para esta iglesia[11]. Sin embargo, El Greco no solo tuvo que pintar las imágenes, sino también hubo de ocuparse del proyecto para la arquitectura de los retablos y su decoración.

Todo ello realizado con un sorprendente resultado en menos de dos años, 1577-79. No solo cumplió con las expectativas de sus clientes, sino que creó una obra que impresionó a posteriores generaciones, como Antonio Ponz, quien en 1776, en su obra Viaje por España, escribe: "esos cuadros son suficientes para asegurar a El Greco la mayor celebridad entre los pintores".

El programa de las pinturas de Santo Domingo el Antiguo responde al de una capilla funeraria: en el altar mayor, la imagen central es una Asunción de la Virgen, enmarcada por representaciones de cuerpo entero de San Juan Bautista y San Juan Evangelista, así como por dos bustos de San Bernardo y San Benito. Por encima se encuentra, en el tímpano, una representación de la Verónica con la Santa Faz, y en un piso superior, otra imagen de gran formato: la Trinidad. En los dos retablos laterales, más pequeños, se representa, a la izquierda, una Adoración de los Pastores con San Jerónimo, y, a la derecha, la Resurrección de Cristo con San Ildefonso.

Poco después de llegar a Toledo, entabló una relación con una mujer llamada Jerónima de las Cuevas, con quién vivió desde entonces. Por una razón desconocida no se casaron nunca, pero tuvieron un hijo en 1578, a quién El Greco dio por nombre Jorge Manuel en recuerdo de su padre y su hermano mayor, respectivamente[12]. Jorge Manuel estudió pintura y arquitectura, y hacia el año 1600 comenzó a trabajar con su padre en el taller de éste.

El Greco - El Expolio de Cristo (restaurado), 1577-79, Sacristía Mayor de la Catedral de Toledo

El segundo gran encargo, que le hicieron, cuyo contrato firmó incluso un mes antes que el de Santo Domingo, fue también a través de Diego de Castilla pero la decisión sobre el pago la tomaron otros, lo cual le dio bastantes quebraderos de cabeza. Fue un cuadro de considerables dimensiones para la Sacristía Mayor de la Catedral, el Expolio de Cristo. El cual posee una clara composición con la figura principal en el eje central. El cielo subraya aún más ese centro: por encima de la cabeza de Cristo parece abrirse un cráter de nubes, pero las lanzas alzadas cierran el camino. Aquí se representa una escena de la que no hay fuentes bíblicas, pero sí otros textos cristianos que dicen que antes de la crucifixión, un esbirro vestido de verde despoja a Cristo de sus vestiduras. Delante de Cristo hay una persona haciendo los taladros en la Cruz, mientras las tres Marías, en la parte delantera izquierda, observan los acontecimientos; sobre ellas, aparece un hombre con armadura que podría tratarse de Longinos.

El pago de las obras de arte en España, por aquel entonces, se hacía según la estimación del trabajo ya concluido: el artista y los clientes nombraban a peritos que hacían recomendaciones sobre los honorarios. Para el Expolio de Cristo, los representantes del artista propusieron un precio de 900 ducados, mientras que los de la catedral, solo estaban dispuestos a pagar 228 ducados. Hasta el año 1581 no se saldó la deuda, cuando El Greco aceptó un pago de 200 ducados, que con los 150 ducados que recibió de adelanto, era una suma, aunque baja, más alta que la fijada por el representante de la catedral. En 1585, recibió el encargo de realizar un marco para su cuadro, que fue tasado en 1587, en 535 ducados[13].

El éxito que tuvo El Greco en Toledo debió ser una experiencia extraordinaria para él, después de años de peregrinaje con solo pequeños encargos. Parece que en esta situación, dejando de lado las precauciones con las que se había conducido hasta ahora, quiso dar un cambio de estilo a su pintura, por un lado admirable, pero desconcertante para los espectadores de su época.

El Greco - Alegoría de la Santa Liga, hacia 1577-79, Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid

Una de las primeras obras que realiza cuando llega a España, es esta Alegoría de la Santa Liga (también titulada Adoración del Nombre de Jesús o El Sueño de Felipe II). Las figuras que contemplamos en primer plano son el rey Felipe II, con traje negro y gola, el dux de Venecia Alvise Mocenigo (de espaldas con el manto amarillo) y el papa Pío V junto a dos de sus cardenales. Los tres personajes firmaron una alianza en el Nombre de Cristo contra el Imperio turco, que provocó la victoria en la Batalla de Lepanto en 1571, por lo que también aparece Don Juan de Austria, junto al papa, idealizado como un general romano[14]. Desde un primer momento, en 1577 o 79, esta obra pasa a El Escorial, pues según Blunt[15], debió ser un encargo de Felipe II como recuerdo de Don Juan de Austria, que en 1579 fue llevado a enterrar a El Escorial, esto se sustenta en que el padre De los Santos, en 1657, lo describe indicando que estaba colgado en la capilla del Panteón de los Reyes, cerca de las criptas de los infantes, donde está sepultado Don Juan, en ella comienza a hacer formas cada vez más idealizadas, y juega con las nubes que aprendió con Tintoretto y Veronés. En la parte superior del lienzo se encuentra escrito en letras capitales el Nombre de Jesús (esquematizado IHS, en latín Jesucristo Hombre Salvador) rodeado de ángeles que forman un círculo. La zona inferior se completa con la boca del Leviatán o el Infierno, que representa el paganismo de los turcos. Las dos zonas apenas se relacionan entre sí, otorgando mayor enigma a la escena. Los retratos de primer plano están perfectamente captados y demuestran la habilidad del pintor en esta temática. El modelado de estas figuras se realiza a través de luz y color, sin apenas emplear dibujo. Las figuras del fondo están realizadas con una pincelada suelta, por medio de manchas, destacando el color rojo de la que eleva los brazos. El colorido es el característico en la Escuela veneciana y en el Manierismo: carmines, amarillos, azules y blancos, Los escorzos de abajo a arriba, que fueron criticados por los comitentes, solía hacerlos con modelos mediante unos muñecos de paja o de barro colgándolos del techo, sobre todo en las figuras de los ángeles pintados de soto in su.

El Greco - El martirio de San Mauricio, 1580-82, Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid

Más tarde presenta a Felipe II, la obra El martirio de San Mauricio, para obtener los favores del monarca, y de este modo, poder entrar en la decoración que se estaba llevando a cabo en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. En lugar del naturalismo que había caracterizado sus primeras obras para Santo Domingo el Antiguo y en El Expolio de Cristo, eligió un modo de pintar que buscaba una expresión artística de fenómenos espirituales. Las figuras pierden plasticidad, se tornan más delgadas y alargadas. La luz adquiere una función simbólica: lo claro y lo oscuro pasan a formar un marcado contraste, y los colores presentan un fuerte carácter expresivo.

El encargo de esta obra era para instalarla en la iglesia del Monasterio como pareja del Martirio de Santa Ursula, de Luca Cambiaso. El Greco trabajó en esta obra durante más de dos años, recibiendo pagos periódicos, hasta un total de 300 ducados como adelanto a la tasación final.[16] El cuadro fue terminado en el otoño de 1582, y el artista lo entregó en persona en El Escorial, en noviembre. En la decisiva tasación realizada en abril de 1583, se fijó el precio en 800 ducados, pero entonces fue otra cosa la que falló, y es que al rey no le gustó el cuadro y mandó sustituirlo por otro con el mismo tema de un mediocre pintor llamado Romulo Cincinnato, el cual cuelga aún, hoy día, en la capilla de San Mauricio, en la Basílica de El Escorial. La comparación entre ambas versiones no deja lugar a dudas respecto de Felipe II, pues rechazó una obra maestra a favor de un cuadro sin interés, si bien esta obra la colgó en sus aposentos, lo que indica que el cuadro sí le gustó, aunque no llamase a devoción. La razón de la decisión del monarca nos la relata un testigo presencial, fray José de Sigüenza[17]. Resumiendo, El Greco había violado la norma suprema del gusto de la Contrarreforma al elevar el estilo por encima del contenido. Fray José de Sigüenza expresó sobre el cuadro: "Los santos se han de pintar de manera que no quiten la gana de rezar en ellos".

El cuadro tiene varios detalles anecdóticos, como la espada nazarí que coloca, en un evidente anacronismo, al cinto del comandante que porta la bandera, a la derecha, y que es igual que la de Boabdil El Chico, con una rica empuñadura, que se conserva en el Museo del Ejército, y que seguramente vio en una colección toledana. Otro detalle es que se dice que el personaje que está detrás de San Mauricio es un autorretrato del pintor. En la parte inferior del cuadro está la firma del Greco en un papelito, no deja de ser anecdótico que sea en un papel blanco sobre un fondo oscuro, en un cuadro de veneración, pero la firma de El Greco la tiene en su boca una serpiente, símbolo de la envidia, algunos dicen que fue una manera de vengarse de aquellos que torpedearon su entrada al servicio de Felipe II, pero el rey no se había decantado por el cuadro todavía. Tiene una narrativa de inspiración medieval porque hay varias escenas dentro del mismo, en el primer plano San Mauricio está hablando con sus comandantes para invitarles a asumir el sacrificio, pero éste ya se está ejecutando al fondo, y además hay una figura desnuda que revolotea, que no es otra cosa que el alma de San Mauricio que la esperan los ángeles con la corona y la palma de martirio.

El fracaso en su intento de conseguir la protección real tuvo que suponerle una decepción muy seria. La esperanza de obtener riquezas y la gloria de un nombramiento para la corte podía olvidarse definitivamente. El revés significaba también que debía reconsiderar si establecerse en Toledo era una buena opción, pues debido a su conflicto con el cabildo catedralicio, se encontró excluido de las dos principales fuentes de protección institucional, la iglesia y la corte.

El Greco en 1583 había cumplido 42 años, una edad avanzada para comenzar de nuevo en otro sitio donde no le conociesen, así pues decide establecerse en Toledo, pues allí había escasez de buenos pintores que dejaban abierto el camino a un artista de talento como él.

NOTAS:

[1] SCHOLZ-HÄNSEL, M., El Greco, Madrid 2007, p. 7

[2] MERTZIOS, C.D., Domenicos Theotocopoulos: Nouveaux éléments biographiques (1961), p. 218, citado por BROWN, J., "El Greco, el hombre y los mitos" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 15

[3] CONSTANTOUDAKI, M., Dominicos Theotocopoulos (El Greco) de Candie á Venise: Documents inédits (1566-1568), pp. 296-300 citado por BROWN, J., "El Greco, el hombre y los mitos" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 15

[4] SCHOLZ-HÄNSEL, M., El Greco, Madrid 2007, p. 8

[5] Ibidem, pp. 305-307

[6] RONCHINI, A., Giulio Clovio citado por BROWN, J., "El Greco, el hombre y los mitos" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 16

[7] VEGÜE Y GOLDONI, A., "En torno a la figura del Greco", en Arte Español 8 (1926-1927) pp. 70-79 citado por BROWN, J., "El Greco, el hombre y los mitos" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 16

[8]SCHOLZ-HÄNSEL, M., El Greco, Madrid 2007, p. 25

[9] MARTÍNEZ DE LA PEÑA, D., "El Greco, en la Academia de San Lucas: El primer documento cierto sobre la estancia del Greco en Italia", en Archivo Español de Arte 45 (1967), pp. 97-105, citado por BROWN, J., "El Greco, el hombre y los mitos" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 16

[10] ZARCO DEL VALLE, M.R., "Documentos inéditos para la historia de las bellas artes en España", en Colección de documentos inéditos para la historia de España vol. 45 (1870), p. 591, citado por BROWN, J., "El Greco, el hombre y los mitos" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 16

[11] SAN ROMÁN, F., "Documentos del Greco, referentes a los cuadros de Santo Domingo el Antiguo", en Archivo Español de Arte 10 (1934), pp. 1-13, citado por BROWN, J., "El Greco, el hombre y los mitos" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 16

[12] MERTZIOS, C.D., Domenicos Theotocopoulos: Nouveaux éléments biographiques (1961),p. 218, citado por BROWN, J., "El Greco, el hombre y los mitos" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 18

[13] SCHOLZ-HÄNSEL, M., El Greco, Madrid 2007, p. 38

[14] BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 95

[15] BLUNT, A., "El Greco's Dream of Philip II: An Allegory of the Holy League" en Journal of the Warburg and Courtauld Institutes 3 (1939-1940), pp. 58-69, citado en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 231

[16] ZARCO CUEVAS, J., Pintores españoles en San Lorenzo el Real de El Escorial, (1931), pp. 139-142, citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 98

[17] SIGÜENZA, J. de, "Historia de la Orden de San Jerónimo" (1600-05), en Fuentes literarias para la historia del arte español vol. 1 (1923), p. 424, citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 98

Bibliografía

RUIZ GÓMEZ, L., El Greco, Museo Nacional del Prado, Madrid, 2007.

SCHOLZ-HÄNSEL, M., El Greco, Editorial Taschen, Madrid, 2007.

VV.AA., El Greco de Toledo, Alianza Editorial, Madrid, 1982.

VV.AA., El Toledo de El Greco, Catálogo de la Exposición en el Hospital de Tavera, Toledo, Edición del Ministerio de Cultura, Madrid, 1982.

Publicado en Octubre de 2020   © Ramón Muñoz López