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Faber est suae quisque fortunae

DOMENIKOS THEOTOKOPOULOS, EL GRECO (1541 - 1614) - 2a Parte

EL AFIANZAMIENTO DE UNA CARRERA EN TOLEDO

Aunque no podemos estar seguros del preciso momento en que instaló su taller en Toledo para comenzar a trabajar como pintor independiente, parece probable que hacia 1585 hubiera comenzado a levantar un floreciente negocio. Esto lo indica, que el 10 de septiembre, de ese año, El Greco firmó un contrato de arrendamiento de tres habitaciones en el palacio del marqués de Villena[1]. La nueva residencia del Greco era espaciosa y comprendía las llamadas habitaciones reales, que incluían la cocina principal y otra zona situada entre dos patios.

La consideración de la carrera del Greco como una empresa mercantil puede parecer algo fútil, o desatinado, pero hay razones para creer que el tema del dinero fue una de sus preocupaciones constantes y que hasta cierto punto montó el taller para potenciar al máximo su capacidad de obtener ingresos. Aunque no le faltó dinero, El Greco fue un pésimo administrador del mismo, pues tenía ciertos gustos exóticos, como hacerse acompañar en la comida por músicos. Fue a partir de 1607 cuando comenzó a tener ciertas dificultades económicas.

Una vez establecido el taller, El Greco, recibe en 1586 dos encargos importantes: un marco de grandes dimensiones para la catedral, terminado en febrero de 1587 y tasado en 570 ducados, y dos arcos de madera con decoración de pintura y escultura, para la procesión de una importante santa toledana, Santa Leocadia, cuyas reliquias volvían a la ciudad[2].

El tercer encargo importante lo recibe también en 1586. Dos años antes, Andrés Núñez de Madrid, párroco de la iglesia de Santo Tomé, había solicitado del consejo arzobispal autorización para encargar una pintura para una importante capilla funeraria.

El tema iba a ser el milagroso entierro en la capilla de un caritativo noble que había hecho una donación a la iglesia en el siglo XIV. El consejo otorgó el permiso el 23 de octubre de 1584, pero hasta el 18 de marzo de 1586[3] no se firmó el contrato con El Greco para pintar el que sería su cuadro más famoso.

El trabajo de este cuadro monumental (5 m. de alto por 3,5 m. de ancho) finalizó en la primavera de 1588, rápidamente se preparó para la tasación. Esta se realizó por un primer grupo de tasadores que lo valoró en 1.200 ducados, cantidad que el padre Núñez consideró desorbitada y que le hizo solicitar una segunda tasación. Esta se hizo con un resultado desfavorable para la iglesia, pues se valoró en 1.600 ducados. Ante esto, Núñez, que por cierto era el párroco de El Greco, pidió que no se tuviera en cuenta esta segunda tasación y se mantuviese la primera. El 30 de mayo de 1588 el consejo arzobispal ordenó pagar al pintor los 1.200 ducados en los siguientes nueve días. El Greco, como de costumbre, no estaba en principio dispuesto a aceptar este precio, quería el más alto, pero ante la amenaza de una larga y costosa batalla legal con la Iglesia acabó aviniéndose a recibir los 1.200 ducados. Esta forma de comportamiento litigante se hizo característica en la vida profesional del Greco, y el motivo de ello es que El Greco era muy consciente de la alta calidad de su arte y pensaba que debía remunerarse de igual forma.

El tema del cuadro es el entierro de Gonzalo de Ruiz, Conde de Orgaz, que falleció en 1327, el cual dispuso en su testamento una donación anual de los ciudadanos de Orgaz a favor de Santo Tomé; pero sus sucesores se negaron a seguir haciéndola. Al recordar el entierro del conde con una inscripción y un cuadro, el padre Núñez esperaba renovar el antiguo privilegio.

El cuadro representa las dos dimensiones de la existencia humana: abajo la muerte, arriba el cielo, la vida eterna. En la parte inferior, somos testigos de una ceremonia como las que se harían en Toledo en esa época, el centro lo ocupa el cuerpo difunto del conde, que va a ser depositado con toda veneración y respeto en su sepulcro. Para tan solemne ocasión han bajado dos santos del cielo: el obispo San Agustín, uno de los grandes padres de la Iglesia, y el diácono San Esteban, primer mártir de Cristo, que son los que le transportan. A la derecha aparece el comitente Andrés Núñez rezando el réquiem. En la parte superior, un ángel conduce el alma, representada en forma de niño, al cielo, a través de nubes que forman una especie de útero. Allí le esperan el Juez Universal con San Juan y la Virgen María, así como numerosos santos.

Entre los asistentes a la ceremonia se puede identificar sin equívoco a una persona: el hombre de cabello blanco que aparece de perfil en el lado derecho es Antonio de Covarrubias y Leiva, un buen amigo de El Greco, y una de las personas más eruditas de su tiempo, pues hablaba griego y el artista debía mantener conversaciones en su lengua materna con él. También casi seguro que el muchacho que aparece en primer plano es su hijo de 8 años, pues El Greco firmó el cuadro sobre el pañuelo del niño, con la cifra 1578, el año de nacimiento de Jorge Manuel[4].

El uso de la luz solo se emplea simbólicamente en la esfera celestial, pues domina un reflejo intranquilo de ella; en la parte terrena, el espectador se enfrenta con un escenario iluminado homogéneamente. En cuanto al tipo de género, el Entierro es un retrato de grupo, del que no existe paralelismo alguno en el arte español de su tiempo, pero que en esa misma época se convirtió en un género muy popular en los Países Bajos.

El Greco - El entierro del Conde de Orgaz, 1586-88, Iglesia de Santo Tomé, Toledo

Muy parecido en cuanto a la concepción de los retratos del Entierro, es el Retrato del caballero de la mano en el pecho, que se fecha últimamente entre los mismos años 1583-85. La reciente restauración ha sacado a la luz un cuadro de muy rico colorido, tanto en el fondo como en las vestiduras, por lo que sigue la tradición veneciana, tan importante en los retratos de El Greco. Como Tiziano, y a diferencia de los pintores de la corte madrileña, eligió un trazo suelto con el que las pinceladas se pueden reconocer en el cuadro terminado.

En la rígida postura del representado, con su gesto de juramento, los dedos medio y anular juntos (que es una característica del manierismo), en la renuncia de todo simbolismo externo con la excepción de la empuñadura dorada de la daga, se ha querido ver un ejemplo paradigmático del concepto de honor que se le atribuye al español desde hace siglos.

El periodo de la vida de El Greco que va de 1588 a 1595 está muy poco documentado. Sabemos que siguió viviendo en el Palacio de Villena hasta 1590, pero no sabemos donde residió durante los siguientes diez años, transcurridos los cuales aparece documentado de nuevo como inquilino del Palacio. Solamente dos retablos se sabe que fueron realizados en estos años. Uno de ellos, para la iglesia parroquial de Talavera la Vieja, le fue encargado el 14 de febrero de 1591 y se llevó a cabo con la colaboración del taller[5], el otro le llegó desde Madrid en 1596.

El Greco - Retrato del caballero de la mano en el pecho, hacia 1583-85, Museo del Prado

EL GRECO, EL TALLER Y SU HIJO

A partir de 1596 se produjo un gran aumento de la actividad del taller, que continuó sin disminución del trabajo hasta la muerte de El Greco en 1614. Esto fue debido a la entrada en el mismo de Jorge Manuel, formado en las tres artes mayores, y cuya participación se nota en el aumento de los encargos de iglesias de los pueblos y aldeas cercanas a Toledo, que Jorge Manuel buscaba activamente. El primer encargo importante de este periodo vino de un seminario agustino de Madrid, el Colegio de doña María de Aragón, la cual en el momento de su muerte, en 1593, había dejado en su testamento, que los albaceas terminasen la construcción del Colegio y su decoración. El contrato para el retablo se le adjudica a El Greco en diciembre de 1596, y de acuerdo con sus términos recibe 2.000 ducados adelantados sobre el precio final[6].

El retablo se entregó en julio de 1599, con siete meses de retraso, y lo tasaron en agosto de ese año dos pintores de la corte, Juan Pantoja de la Cruz por el Colegio, y Bartolomé Carducho por El Greco. El artista no pudo criticar la opinión que dieron, pues ascendió casi a los 6.000 ducados, una enorme cantidad de dinero que se convirtió en la mayor cifra que percibiría por un encargo.

En 1943, Manuel Gómez Moreno conjeturó un retablo reticular formado por cinco cuadros del Museo del Prado y uno, la Adoración de los pastores, en el Museo Nacional de Rumanía, en Bucarest, pero sin argumentarlo: la estructura de este retablo estaría compuesta en el piso inferior por la Anunciación en el centro, con el Bautismo de Cristo y la Adoración de los pastores de Bucarest, a cada lado. Mientras que en el piso superior en el centro se dispondría la Crucifixión y a sus lados la Resurrección y Pentecostés.

El Greco - Retablo del Colegio de María de Aragón, 1597-1600 (reconstrucción según Gómez Moreno)

En 1985 se conoció una relación anónima fechada en 1814 en la que se registraban las obras depositadas en la casa de la Inquisición. En este listado se aludía al retablo mayor del colegio de doña María depositado en la sala carbonera y se hablaba de "siete quadros de pinturas originales de Domenico Greco que estaban en el Altar Mayor". Esta información ha afianzado la hipótesis de Gómez Moreno de un retablo de tres calles en dos pisos. Como en la relación se habla de siete cuadros se ha supuesto que el séptimo se trataría de un cuadro pequeño dispuesto en un tercer piso a modo de ático. Según José Milicua esta organización tiene coherencia histórico-teológica subrayando el sentido redentorista del retablo, pues la Crucifixión (piso superior) sería el momento culminante de la redención iniciada en la encarnación de María (piso inferior). La Adoración y la Resurrección serían la aparición y despedida del Salvador entre los hombres, mientras que el Bautismo y Pentecostés ilustrarían el descenso del Espíritu Santo sobre Cristo y sobre la comunidad apostólica[7].

Otro encargo importante lo obtiene el 9 de noviembre de 1597, cuando El Greco y el doctor Martín Ramírez de Zayas, profesor de teología de la universidad toledana, llegaron a un acuerdo para que el artista proporcionara tres retablos para una capilla privada de la Catedral de Toledo dedicada a San José[8].

Se fijó para su terminación la fecha de agosto de 1598, pero como tantas veces sucedió con los retablos de El Greco, el trabajo parece que se retrasó. Nada más se sabe del encargo hasta el 13 de diciembre de 1599, fecha en que Ramírez accedió a retirar de los tribunales una demanda para reducir la tasación y pagar como cantidad total unos 2.850 ducados.

El conjunto, constituido por el retablo mayor con dos lienzos y dos retablos colaterales de un único lienzo cada uno, permaneció intacto hasta 1908, año en que, de modo vergonzoso, fueron vendidos y extraídos los dos lienzos de los retablos colaterales, ahora en la National Gallery of Washington. Hoy día hay unas copias en los retablos laterales, permaneciendo intacto el retablo mayor.

Izq.: El Greco - San José y el Niño Jesús, 1597-99, Capilla de San José, Catedral de Toledo

Centro: El Greco - San Martin y el mendigo, 1597-99, (Capilla de San José, Catedral de Toledo), National Gallery of Washington, USA

Drcha.: El Greco - La Virgen con el Niño y las santas Inés y Martina, 1597-99, (Capilla de San José, Catedral de Toledo), National Gallery of Washington, USA

Este retablo mayor lleva los cuadros de San José con el Niño Jesús y la Coronación de la Virgen. El del santo titular con el Niño Jesús acogiéndose a su protector, lleva en el fondo un paisaje donde se distingue la silueta de la ciudad de Toledo, tal y como habrá de pintarla en sucesivas ocasiones, pero curiosamente falseada, dividida en dos por la silueta del santo. La figura esbelta de éste, vestida con una túnica verde grisáceo y un manto amarillo, se recorta sobre los celajes amplísimos de nubes fulgurantes, y sobre su cabeza, como un estallido luminoso, los ángeles enriquecen la composición con su brillante esplendor colorista.

Los temas laterales llevaron San Martín y el mendigo y la Virgen con el Niño y las santas Inés y Martina. Este último lienzo es sin duda una de las composiciones más nobles, equilibradas y sencillamente más bellas de todas las obras del pintor. En cuanto al lienzo de San Martin, la composición nos remite a las sacras conversaciones venecianas, y el santo caballero, jinete en un deslumbrante caballo blanco que avanza hacia el espectador, trae recuerdos de algunas composiciones análogas de Tintoretto, y anticipa, como se ha venido señalando, la potente invención de Rubens del retrato del Duque de Lerma. Entre las patas del caballo traza una vez más la maravillosa visión de la ciudad imperial, entre celajes deslumbrantes, y más espectacular que nunca[9].

Desde 1603 el nombre de Jorge Manuel comienza a aparecer regularmente en los documentos relativos al taller de El Greco, haciendo probable que se hubiera convertido en el principal ayudante de su padre. Hasta ese momento, ese puesto lo había venido ocupando un pintor italiano que le había acompañado desde Roma: Francisco Preboste, que tenía unos trece años menos que él. Preboste actuó con frecuencia como agente del pintor, y su nombre aparece por última vez en un documento del 29 de abril de 1607 que le otorga poderes para actuar en nombre de El Greco[10]. El que su nombre no aparezca más en los documentos indica que debió morir poco después. En cualquier caso, el 29 de mayo de 1607 el pintor otorgó los mismos poderes a su hijo Jorge Manuel, confirmando así la importancia de su papel dentro del taller[11].

En los años que van de 1600 a 1608, el taller trabajó a pleno rendimiento conforme llovían los encargos desde Toledo, Madrid y la región circundante. Uno de estos encargos acabó en desastre económico. El 7 de abril de 1603, Jorge Manuel fue habilitado para inspeccionar la propuesta de un nuevo retablo para el Hospital de la Caridad de Illescas. Los contactos tuvieron como final un acuerdo firmado el 18 de junio de 1603 por el que El Greco iba a realizar el trabajo[12]

Por razones desconocidas, el pintor aceptó que la tasación final la realizaran solamente los peritos nombrados por el Hospital, por lo que no es sorprendente que éstos fijaran un precio ridículamente bajo, unos 2.410 ducados. Así comenzó un largo y enconado litigio que fue más allá del consejo arzobispal y llegó a la Cancillería Real de Valladolid y al Nuncio Papal de Madrid, hasta que al fin hubo avenencia en junio de 1607 por una suma cercana a la original. Esto debió disipar, en El Greco, cualquier duda sobre la sensatez de emprender pleitos, pues era un camino disparatado, además de infringirle un gran daño económico.

El Greco - Coronación de la Virgen (arriba), La Anunciación y El Nacimiento (abajo), 1603-07, Hospital de la Caridad, Illescas, Toledo

El conjunto de las pinturas del Hospital de la Caridad de Illescas es uno de los más ricos que El Greco trazara, aparte de una compleja y desafortunada historia como hemos comentado. Son cuatro lienzos para el conjunto del presbiterio, la Caridad, Coronación de la Virgen, Anunciación y Nacimiento. Todos ellos se conservan en el Hospital de la Caridad aunque ninguno esté en el lugar original para el que fueron pintados.

Tres pinturas se insertaban en la bóveda de la capilla, y se adujo en la tasación que: "todas las pinturas de pincel están hechas de tal suerte que no se divisan". Efectivamente, su disposición no era la idónea, pero eran sin duda de lo más bello hecho por su mano.

La Anunciación y el Nacimiento tienen forma circular, y están resueltos con una admirable maestría en la composición que evoca ciertos alardes del manierismo italiano.

La Coronación de la Virgen, de forma oval, presenta un tratamiento diferente a otras composiciones del mismo tema realizadas por el pintor. La Virgen está más frontal y dirige su mirada al Espíritu Santo en vez de a Cristo, como en las otras. Ha desaparecido la media luna, que remitía a la iconografía de la Inmaculada, y una verdadera multitud de angelitos niños bullen a su alrededor. El color, fulgurante, resulta muy atractivo.

La Caridad, que así se llama en los primeros documentos aunque El Greco posteriormente lo llame Nuestra Señora de la Caridad, sorprendió en su momento por la presencia de una serie de retratos muy vivos, con "lechugillas", entre los que era posible reconocer a Jorge Manuel, el hijo del pintor, el personaje de perfil a la derecha del espectador. Este elemento contemporáneo fue una de las cosas, por impropia, que los tasadores del Hospital adujeron en contra del pintor. El cuadro fue desmontado del ático del retablo y repintado para disimular las "lechugillas", hasta que en la restauración de 1938 se quitó el repinte para dejarlo como originalmente se pintó.

Iconográficamente el lienzo responde a la tradicional Virgen de la Misericordia, que acoge bajo su manto a la humanidad y fue imitado muy fielmente, años más tarde, por Luis Tristán, el mejor discípulo de El Greco, pues sin duda lo vio pintar entre 1603 y 1607, cuando se documenta su presencia en el taller del maestro[13].

Izq.: El Greco - Nuestra Señora de la Caridad, 1603-07, Hospital de la Caridad, Illescas, Toledo

Drcha.: El Greco - San Ildefonso, 1603-14, (Hospital de la Caridad, Illescas), National Gallery of Washington, USA

Hay una obra excepcional que realizó para la Iglesia del Hospital de la Caridad de Illescas que en ninguno de los documentos del largo pleito sale a relucir, por lo que resulta difícil precisar si se hizo antes o después del retablo, es el San Ildefonso, (hoy en la National Gallery of Washington) una de las más emocionantes, intensas y expresivas obras del pintor, en la que en cierto modo inaugura un esquema iconográfico (el del Santo Doctor escribiendo en su escritorio) que será muy seguido en el arte barroco español.

NOTAS:

[1] SAN ROMÁN, F., El Greco en Toledo ó nuevas investigaciones acerca de la vida y obras de Domenico Theotocopuli (1910), pp. 140-142, citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 100

[2] GARCÍA REY, V., "Recuerdos de antaño: El Greco y la entrada de los restos de Santa Leocadia en Toledo", en Arte Español 8, (1926), pp. 125-129, citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 101

[3] SAN ROMÁN, F., El Greco en Toledo ó nuevas investigaciones acerca de la vida y obras de Domenico Theotocopuli (1910), pp. 142-155, citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 102

[4] SCHOLZ-HÄNSEL, M., El Greco, Madrid 2007, p. 52

[5] MÉLIDA, J.R., Catálogo monumental de España: Provincia de Cáceres (1924), pp. 343-345 citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 10


[6] COSSIO, M.B., El Greco (1908), pp. 674-675, y SAN ROMÁN, F., El Greco en Toledo ó nuevas investigaciones acerca de la vida y obras de Domenico Theotocopuli (1910), pp. 160-161, citados por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 103

[7] RUIZ GOMEZ, L., El Greco (2007), pp. 76-77

[8] COSSIO, M.B., El Greco (1908), pp. 667-669, y SAN ROMÁN, F., El Greco en Toledo ó nuevas investigaciones acerca de la vida y obras de Domenico Theotocopuli (1910), p. 157, citados por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 105

[9] PEREZ SÁNCHEZ, A.E., "Las series dispersas del Greco" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, pp. 164-166

[10] SAN ROMÁN, F., "De la vida del Greco", en Archivo Español de Arte 3 (1927), pp. 276-277, citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 105

[11] Ibidem, p. 105

[12] SAN ROMÁN, F., El Greco en Toledo ó nuevas investigaciones acerca de la vida y obras de Domenico Theotocopuli (1910), p. 161, citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 106

[13] ANGULO IÑIGUEZ, D. y PÉREZ SÁNCHEZ, A.E., Historia de la pintura española: Escuela toledana de la primera mitad del siglo XVII (1972), p. 166, citado por PEREZ SÁNCHEZ, A.E., "Las series dispersas del Greco" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 168

Bibliografía

RUIZ GÓMEZ, L., El Greco, Museo Nacional del Prado, Madrid, 2007.

SCHOLZ-HÄNSEL, M., El Greco, Editorial Taschen, Madrid, 2007.

VV.AA., El Greco de Toledo, Alianza Editorial, Madrid, 1982.

VV.AA., El Toledo de El Greco, Catálogo de la Exposición en el Hospital de Tavera, Toledo, Edición del Ministerio de Cultura, Madrid, 1982.

Publicado en Noviembre de 2020   © Ramón Muñoz López