Artículos de Arte
Faber est suae quisque fortunae

DOMENIKOS THEOTOKOPOULOS, EL GRECO (1541 - 1614) - 3a Parte

EL GRECO, EL TALLER Y SU HIJO   (continuación)

El último retablo importante que se le encargó a El Greco se concretó el 16 de noviembre de 1608, fecha en que firmó un contrato con su amigo el doctor Pedro Salazar de Mendoza para realizar tres altares para la capilla del Hospital Tavera o de San Juan Bautista, de Toledo[1]. En realidad bien poco pudo llevarse a cabo de lo contratado, pues a la muerte del pintor, en 1614, las pinturas del Hospital, cuyos asuntos no se detallan, estaban solo empezadas. Jorge Manuel Theotocópuli asumió la realización del conjunto pero tampoco pudo llevarlo a cabo.

Los altares colaterales, realizados por Jorge Manuel, estaban concluidos en lo que toca a la arquitectura en 1621, pero el mayor no llegó a concluirse con arreglo a las trazas primitivas, varias veces modificadas. En estos colaterales se supone que iban destinadas una Anunciación y una Visión del Apocalipsis, pues son esos los asuntos que en 1635 se encargan a Félix Castello. Estas dos obras aparecen bosquejadas por El Greco, en su inventario: "dos cuadros bosquejados para los colaterales del hospital, grandes", y se supone que probablemente su hijo las concluiría. Hoy se considera unánimemente que se trataba de la Anunciación (Fundación Banco Santander, cuya parte superior es la Gloria del Museo de Atenas) y de La apertura del Quinto Sello, del Metropolitan Museum de New York, al que, por supuesto, le falta toda la parte superior, hasta el momento desconocida[2].

El Greco y Jorge Manuel Theotocópuli - La apertura del Quinto Sello, 1608-14, The Metropolitan Museum of Art, New York

Arriba: El Greco y Jorge Manuel Theotocópuli - La Gloria o Concierto de los ángeles, 1608-14, Pinacoteca Nacional, Atenas

Abajo: El Greco y Jorge Manuel Theotocópuli - La Anunciación, 1608-14, Fundación Banco Santander

La Anunciación, aparte de su objetiva belleza, resulta sumamente curiosa, pues ha transformado por entero el esquema iconográfico de versiones anteriores, al colocar al ángel asentando sus pies sobre el suelo, y con el gesto de dirigirse a la Virgen con la mano derecha. En la parte superior de este lienzo, iba la Gloria (hoy en Atenas), con el coro angélico portando instrumentos músicos y cantores con libros de música parece retomar los motivos de otras glorias.

La apertura del Quinto Sello, es sin lugar a dudas, una de las más extrañas y personales composiciones del pintor, aunque fuese terminada por su hijo, lo mismo que la anterior. Asunto nada frecuente en la iconografía cristiana habitual, proporciona al Greco la ocasión de culminar su lírica expresionista en la alucinada figura del apóstol gigantesco, al que se ve arrodillado y clamando, y en las extrañas figuras desnudas de las almas que se exaltan y llamean ante unos paños fulgurantes de color amarillo y verde[3].


LOS ÚLTIMOS AÑOS DEL GRECO

Los últimos años de la muy larga vida del Greco se vieron ensombrecidos por preocupaciones financieras que tuvieron que absorberle bastante tiempo y energía. Pero los datos y las cifras de su difícil situación pueden ser engañosos sobre su posición profesional y personal. A pesar de la interminable sucesión de problemas económicos, o quizás por ellos, El Greco continuó pintando hasta su ancianidad, y produjo algunos de sus mejores cuadros en los últimos quince años de su vida. El 12 de diciembre de 1607, una de las personas que le propusieron para la obra de la Capilla Oballe reconocía sus méritos con estas palabras: "Dixo que por tener a Dominico Greco por de los hombres mas sobresalientes que ay deste arte en el reyno..."[4]

La fama del Greco atrajo también a numerosos clientes que querían comprar réplicas de sus obras más conocidas. Parece ser que el pintor logró abastecer a esta clientela recurriendo a un sencillo pero eficaz sistema: conservaba copias a pequeña escala de la mayoría de sus obras, que servían como muestrario para clientes en potencia, tal y como apunta Pacheco[5].

La mejor impresión de las visiones del estilo tardío de El Greco se obtiene en la obra La apertura del Quinto Sello que se puede calificar mejor como Visión del Apocalipsis. En comparación con la representación del mismo tema que hace Durero, llama la atención sobre todo que El Greco integra al santo en su cuadro, con lo que no acentúa la descripción de un hecho concreto (la apertura del sello), sino su visión. La desmaterialización pictórica realizada en esta obra, pero también en otras, como Vista de Toledo o el Laocoonte, fascinó a artistas de la modernidad clásica, desde Pablo Picasso (que pudo fijarse en esta obra para su cuadro Las señoritas de Avignon) a Jackson Pollock.

El Greco - Vista de Toledo, 1597-99, The Metropolitan Museum of Art, New York

En Vista de Toledo, una de sus obras más famosas, El Greco pinta un celaje muy tempestuoso iluminado por la luna, distorsionando, en cuanto a la proporción, la colocación de los edificios más salientes de la ciudad. Esta vista de la ciudad se relaciona como el resurgir del orgullo cívico que se manifestó en Toledo a finales del siglo XVI. Este patriotismo local se fundaba en una nueva conciencia de sus pasadas glorias y en el propósito decidido de mantener su lugar eminente entre las ciudades españolas, pues no hay que olvidar que Felipe II trasladó de Toledo a Madrid, la capitalidad de España, en esa época.

Al morir El Greco en 1614 había tres paisajes de Toledo entre las pinturas de su taller. Cuando se inventariaron los bienes de su hijo Jorge Manuel en 1621, dos de esos paisajes se volvieron a citar, sus tamaños se acercan mucho al del presente lienzo. También es probable que sea éste el cuadro que se describe en el inventario de 1629 entre los bienes de Pedro Salazar de Mendoza, amigo y mecenas del artista, como "un país de Toledo acia la puente de Alcántara"[6]. En la información del Metropolitan Museum de New York sobre la procedencia del mismo, se cita que su primer propietario fue Pedro Salazar de Mendoza (?).

El Greco - Laocoonte, 1610-14, National Gallery of Washington, USA

En cuanto a la obra Laocoonte, se sabe que tras la muerte de El Greco, en 1614, había tres obras con este tema en el taller; dos se han perdido, y la otra, al parecer, lo más probable es que sea el lienzo que conocemos y que el artista no acabó. Esta obra es el único tema mitológico que parece ser pintó El Greco.

Dificulta su comprensión el estado inconcluso del lado derecho, donde el artista parece haber estado haciendo ajustes importantes en las dos figuras de pie cuando su trabajo quedó interrumpido. Tal vez sea imposible dejar resuelto definitivamente el misterio de esta pintura, porque faltan pistas esenciales, pero algunas teorías aportadas por eminentes críticos indican que algo debe haber en la comprensión del cuadro con la ciudad de Troya, asimilada a Toledo en la pintura, pues sabemos que Laocoonte, sacerdote troyano, fue muerto junto a sus hijos por dos serpientes enviadas por Apolo para castigar sus pecados, y según Vetter[7], las dos figuras de la derecha serían Helena y París, el cual sostiene la manzana que originó la guerra de Troya. Según otra leyenda, la fundación de Toledo se debe a dos personajes venidos del Mediterráneo oriental: los troyanos Telemón y Bruto[8].

El Greco hizo en su ancianidad una irónica obra maestra que sobresale como uno de los logros singulares de la historia del arte.

Fray Hortensio Félix Paravicino, amigo personal del artista, le dedicó, a su muerte, un soneto en 1614, donde escribió las siguientes palabras: "Creta le dio la vida y los pinceles, / Toledo mayor patria, donde empieza / a lograr con la muerte eternidades"[9].


EL GRECO COMO ARTISTA CULTIVADO

Para comprender la razón del triunfo del Greco en Toledo debemos regresar a Roma. Allí, en el selecto círculo de Flulvio Orsini y sus cultivados amigos, así como en el mundo artístico romano, El Greco adquirió y desarrolló, los hábitos mentales que se encierran en la expresión "artista cultivado"... Se trata de un concepto creado por el Renacimiento italiano, y que en esencia es la ambición de los pintores, arquitectos y escultores de ser considerados artistas y no artesanos. Para lograrlo, los artistas comenzaron a estudiar letras, a elaborar una defensa intelectual de la nobleza de sus propósitos y a estructurar un curriculum profesional que se inspiraba en la educación humanista tradicional.

Las aspiraciones del Greco de llegar al estatus y a la condición de artista cultivado están bien documentadas e incluso fueron apuntadas ya durante su vida por Francisco Pacheco, quien era a su vez un famoso ejemplo de esa condición. Pacheco visitó al Greco en 1611 y luego recogió de esta manera la impresión que le causó: "No solo los Antiguos se alçaron con la erudicion, i en nuestro siglo ha avido varones doctos no solo en la pintura, pero en letras umanas como... Dominico Greco, que fue gran filósofo, de agudos dichos i escribió de la pintura"[10].

El artista poseía una biblioteca de libros en griego, italiano y castellano que abarcaba temas como filosofía, literatura, poesía, religión, arte y arquitectura, y como recordaba Pacheco, El Greco escribió tratados de arte, en concreto parece ser que fueron un tratado de pintura y otro de arquitectura. Desgraciadamente no se conserva ninguno de los dos, pero algunos vestigios de su empeño han llegado hasta nosotros en forma de anotaciones autógrafas, en el margen de dos famosos ejemplos de la literatura artística del Renacimiento: la segunda edición de las Vidas de los pintores (1958), de Vasari[11], y la edición de Daniele Barbaro del Tratado de Arquitectura (Venecia, 1556), de Vitruvio[12]. A pesar de que los comentarios del Greco a estos textos son breves y fragmentarios, no dejan lugar a dudas de que se había familiarizado con la historia y la teoría del arte, especialmente con la teoría inspirada por Miguel Angel, aunque había llegado también a tener ideas propias y originales.

El Greco es claro en la importancia del artista como filósofo. Vitruvio señala en su tratado, que un arquitecto debe dominar también otros campos como la geometría, la astrología y la música para lograr la condición de matemático y filósofo. A esta afirmación, El Greco añade una observación en la que expresa su enérgico asentimiento, y escribe: "Este uxir fuera dey termini del' Architettura allo yo es la mayor verdad e la cosa que mas se ssigue de quanto a scrito Vitruvio e lo (que) mas se deba ytender que lumbra quando otra cosa nos avesse scrito"[13].

Aún más explícita es una nota al margen que aparece más adelante, en la que El Greco asigna a la pintura un lugar central en la experiencia humana: "...la Pintura por esser tan universal se aze speculativa..."[14]. Esta elevada definición de la pintura como una forma especulativa la hace comparable a la filosofía. Este punto de vista se debe enteramente a sus lecturas de la teoría artística de la Italia central, con la que habría entrado en contacto en Roma. De hecho, su ejemplar de las Vidas de Vasari se lo compró a uno de los más importantes teóricos del arte de la época, el pintor Federico Zuccaro, que por estos momentos estaba trabajando en El Escorial para Felipe II.

La teoría del arte del Greco es claramente elitista. Al asociar arte con filosofía y otras tareas intelectuales, intentaba situarse en la categoría de los hombres de letras, aspirando tanto a su compañía como a su estatus.

Cuando llega a Toledo bajo la protección de Luis de Castilla, y realiza el importante encargo de los retablos de Santo Domingo el Antiguo, El Greco, obtiene aparte de la admiración de su trabajo, la posibilidad de ponerse en contacto con el pequeño grupo de personas que estaban capacitadas para entender las sutilezas de su arte y de su pensamiento. Esas personas eran casi sin excepción hombres de letras, concretamente doctores en derecho canónico que en su mayoría habían estudiado teología. Por otra parte, entre los amigos y defensores del Greco fuera de la Iglesia se aprecia un grado semejante de cultura, intelectualidad e influencia a nivel local como para apreciarle en todo su conjunto, tanto pictórico como humanista.

Este selecto grupo de toledanos descubrió en El Greco a un pintor que era su igual, su enfoque intelectual de la pintura era un estímulo para sus cultivados espíritus y su brillante hacer satisfacía su refinado sentido del gusto, además, a su vez, establecieron una moda por el arte del Greco llevando a su taller nuevos compradores que deseaban obras del pintor más célebre de la ciudad. Este y no otro es el "secreto" de su éxito en Toledo, el cual no tiene nada que ver con los místicos y el misticismo, ni con el supuesto "orientalismo" de Toledo.

Hasta mediados del siglo XIX la obra del Greco permaneció sumida en un largo letargo de 200 años, hasta que el rey francés Luis Felipe I de Orleans, inauguró la "Galería española" en el Louvre, en 1838, que acogió nueve cuadros del Greco. Sin embargo no sería hasta 1900 cuando gracias al artista vasco Ignacio Zuloaga, quien obtuvo una amplia fama por sus temas españoles, quién lo diera a conocer asumiendo algunos de sus motivos para obras propias. Así, en 1905, adquirió La apertura del Quinto Sello, que se interpretaba entonces como representación del amor celestial y terreno. Lo escogió como fondo para su cuadro Mis amigos, en el que retrató a varios de los protagonistas de la Generación de 1898.

Zuloaga había calificado al Greco de "precursor del arte moderno" por su "fuerza visionaria".

Santiago Rusiñol, uno de los artistas más importantes del Modernismo catalán, compró en París en 1893, por recomendación de Zuloaga, dos obras del Greco, que en un acto simbólico las devolvió a España, a su propia casa de Sitges.

Pablo Picasso conoció la fiebre de El Greco, por experiencia propia, tanto en Madrid como en Barcelona. Por tanto, no sorprende que en su primera fase importante de trabajo, en el "periodo azul", se refiera una y otra vez al Greco. El entierro de Casagemas, de Picasso, sería impensable sin El entierro del Conde de Orgaz. Hasta qué punto llegó a identificarse con El Greco durante esa época se expresa en el título de un dibujo: Yo El Greco. Cuando Picasso pinta su escandaloso cuadro Las señoritas de Avignon, recurre a algunos de los motivos de La apertura del Quinto Sello de El Greco. En los años cincuenta, cuando Picasso, tras romper con todas las tradiciones del arte occidental, inició para sorpresa de su público una nueva fase del arte sobre el arte, volvió de nuevo a El Greco[15].

Hoy día, podemos considerar a Domenikos Theotocopoulos, El Greco, como uno de los más grandes e insignes pintores españoles de todos los tiempos, por su gran calidad pictórica, su gran originalidad iconográfica, y sobre todo por su especial estilo a la maniera, "expresionista", de la pintura que ha cautivado y maravillado a todo el mundo.

NOTAS:

[1] COSSIO, M.B., El Greco (1908), pp. 680-689, y SAN ROMÁN, F., "De la vida del Greco", en Archivo Español de Arte 3 (1927), pp. 310-329, citados por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 109

[2] PEREZ SÁNCHEZ, A.E., "Las series dispersas del Greco" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 171

[3] Ibidem, p. 175

[4] SAN ROMÁN, F., "De la vida del Greco", en Archivo Español de Arte 3 (1927), p. 280, citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 109

[5] PACHECO, F., "El arte de la pintura" (1649) en Fuentes literarias para la historia del arte español vol. 2 (1933), p. 168, citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 109

[6] COSSÍO, M.B., El Greco (1908), pp. 451-456, citado en VV.AA., El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 244

[7] VETTER, E.M., "El Greco's Laokoon", en Pantheon 27, nº 2 (1969), pp. 129-135, citado en VV.AA., El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 257

[8] SCHOLZ-HÄNSEL, M., El Greco, Madrid 2007, p. 81

[9] Ibidem, p. 83

[10] PACHECO, F., "El arte de la pintura" (1649) en Fuentes literarias para la historia del arte español vol. 2 (1933), p. 193, citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 110

[11] SALAS, X., Cuatro obras maestras: Vicente Macip, El Greco, Van Diyck, Goya (1966), citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 110

[12]MARÍAS, F. y BUSTAMANTE, A., Las ideas artísticas de El Greco: Comentarios a un texto inédito (1981), citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 110

[13] MARÍAS, F. y BUSTAMANTE, A., Las ideas artísticas de El Greco: Comentarios a un texto inédito (1981), p. 87, citado por BROWN, J., "El Greco y Toledo" en El Greco de Toledo, Madrid 1982, p. 110

[14] Ibidem, p. 165

[15] SCHOLZ-HÄNSEL, M., El Greco, Madrid 2007, p. 90

Bibliografía

RUIZ GÓMEZ, L., El Greco, Museo Nacional del Prado, Madrid, 2007.

SCHOLZ-HÄNSEL, M., El Greco, Editorial Taschen, Madrid, 2007.

VV.AA., El Greco de Toledo, Alianza Editorial, Madrid, 1982.

VV.AA., El Toledo de El Greco, Catálogo de la Exposición en el Hospital de Tavera, Toledo, Edición del Ministerio de Cultura, Madrid, 1982.

Publicado en Diciembre de 2020   © Ramón Muñoz López