Artículos de Arte
Faber est suae quisque fortunae

Artículo especial por el 125 Aniversario del fallecimiento de VINCENT VAN GOGH

En mayo de 1889, Van Gogh, ingresó voluntariamente en el sanatorio para enfermos mentales de Saint-Paul de Mausole, en Saint-Rémy, a 27 km. de Arlés, ya que temía una recaída mayor de su enfermedad mental que se manifestaba con una frecuencia progresiva, el diagnóstico era que padecía epilepsia. A partir de este momento todas las esperanzas que había puesto en el futuro y los planes proyectados se truncaron para siempre.

"Vivir sin quejarse: esa es la única lección que hay que aprender en esta vida", le escribe Van Gogh a su hermano Theo en mayo de 1889. "Estoy dispuesto a cargar con el papel de loco, pese a que en modo alguno me veo con fuerzas para aceptar un papel semejante".

El manicomio en el que Van Gogh pasó casi un año recluido estaba a unos tres kilómetros de Saint-Rémy, en un lugar solitario rodeado de campos de trigo, viñedos y olivares, temas que se repitieron en muchos de sus cuadros de esta época, en la que llegó a realizar unas 150 obras.

Para Van Gogh siempre fue esencial la veracidad a la hora de representar la vida humana. La única regla que contaba era la realidad misma, la realidad del momento. Su postura frente a todo lo que muestra en sus cuadros es la de una persona que ama y acepta la realidad tal como es. Esto se percibe en sus obras de cipreses de esta época.

En "Campo de trigo con cipreses", pintado en junio de 1889, ahora en The Metropolitan Museum, la mirada se sumerge en el serpenteante amarillo de la espigas que empiezan a madurar y que forma una cuña entre las superficies verdes acompañadas de escarpadas montañas azules. Una diagonal en ascenso avanza desde el campo a través de los árboles y llega a las colinas, para seguir de allí a las nubes, cuyas formas convulsas, en este cuadro apenas esbozadas, dominarán luego en "La noche estrellada" todo el firmamento. En contraste, se alzan a la derecha, como una llamarada, dos cipreses verdinegros, sólidos y erguidos hacia un cielo cubierto de nubes extrañas, como único acento vertical del cuadro, dando un punto de color al mismo.

Escribiendo a su hermano Theo desde el asilo de Saint-Rémy, el 2 de julio de 1889, Van Gogh describe su última adicción a la serie que había lanzado el mes de junio anterior y cita este cuadro como: "tengo un lienzo de cipreses con unas espigas de trigo, amapolas, un cielo azul que es como una tela escocesa multicolor". Van Gogh considera este paisaje bañado por el sol como uno de sus mejores lienzos de ese verano y repitió la composición en tres ocasiones: primero en un dibujo, junio 1889 (Van Gogh Museum, Amsterdam), y luego en dos óleos, uno de ellos en septiembre de ese mismo año (National Gallery, London) y otro en una colección privada.

Ese mismo verano escribe a su hermano Theo: "Los cipreses me preocupan constantemente. Quisiera hacer con ellos algo como en las telas de los girasoles, porque me sorprende que nadie los haya representado todavía como yo los veo. En cuanto a líneas y proporciones son tan bellos como un obelisco egipcio".

Bibliografía

Walther, Ingo F., VAN GOGH, Ed. Taschen, Madrid, 2007

Artículo publicado en Julio de 2015 en la Revista Digital "Qué Aprendemos Hoy".

© Ramón Muñoz López