Artículos de Arte
Faber est suae quisque fortunae

Quiénes fueron los Cátaros

El catarismo fue el más importante movimiento religioso disidente que se desarrolló en Europa entre los siglos XI y XV, principalmente en el Languedoc y el norte de Italia. Para entender este movimiento nada mejor que las palabras de Pèire Autier, prestigioso notario y jurista occitano que a principios del siglo XIV abandonó cuando poseía para entregar su vida al catarismo: "Hay dos Iglesias: una huye y perdona (Mateo 10, 22-23), mientras que la otra posee y desolla. La que huye y perdona sigue el recto camino de los apóstoles; nunca miente ni engaña. Y la que posee y desolla no es otra que la Iglesia de Roma..."

La filiación cristiana de la Iglesia de los bons homes occitanos se acredita fundamentalmente en base a los siguientes argumentos: los cátaros eran seguidores indubitados de Jesús; basaban su predicación en las Sagradas Escrituras, con una predilección especial por el Evangelio de San Juan; reproducían en gran medida los ritos, las prácticas y el modelo de organización del cristianismo primitivo, y proponían un modelo de salvación fundado en la recepción de un único sacramento, el bautismo o consolament.

Si bien existían puntos en común con la Iglesia de Roma, las diferencias no eran por ello menos profundas, sobre todo en lo relacionado con el dualismo cátaro. Un dualismo que ya aparece significativamente en el texto cátaro más importante que ha llegado a nuestras manos: el Liber de duobus principiis, o "Libro de los dos principios".

Castillo de Quéribus, siglos XIII-XIV, País Cátaro, Francia

En contraste con el principio único del cristianismo de Roma: "Un solo Dios, padre todopoderoso, creador el cielo y de la tierra" (definición del Concilio de Nicea del año 325), el catarismo afirmaba la existencia de dos principios originarios, opuestos e irreconciliables, pues opone a Dios, autor de los espíritus, del bien y del Nuevo Testamento, a Satanás, autor de la materia, del mal y del Antiguo Testamento. Ello hizo que los cátaros efectuaran una lectura propia de la Biblia y que formularan una visión alternativa de algunas creencias cristianas fundamentales, como la creación del mundo, la figura de Jesucristo, el infierno y el paraíso, o el fin de los tiempos.

Para los cátaros (palabra despectiva usada por la Iglesia de Roma) o "bons hommes" según les llamaba el pueblo, Dios no podía asistir impasible a la condena de sus criaturas, y por ello acabó por enviar a la tierra a su hijo, Jesucristo, al que concebían como un ser puramente espiritual dotado de una simple apariencia humana que tenía una doble misión: arrancar a los ángeles caídos del olvido permanente en que vivían, y la de ofrecer a los hombres el consolament, el sacramento de salvación, un bautismo de espíritu que garantizaba la salvación a cuantos lo recibían.

El consolament era una especie de bautismo que se realizaba mediante el antiguo rito cristiano de la imposición de manos. Los cátaros lo practicaban en dos variantes, por un lado se ofrecía a las personas moribundas, como garantía de la salvación de su alma, y por otro, era un instrumento de ordenación para aquellos que, después de un periodo de noviciado, deseaban convertirse en religiosos de su Iglesia y continuar la obra de los apóstoles. Era una iglesia compartida por hombres y mujeres, ya que a mediados del siglo XIII, el 45% de los ministros de la Iglesia Cátara eran mujeres. Siguiendo las reglas de justicia y verdad, que se autoimpusieron, vivían con una extrema pobreza y coherencia evangélica, observaban tres cuaresmas al año y se comprometían a no jurar ni mentir, a no matar y a no juzgar a los demás.

Pedro Berruguete - Santo Domingo y los albigenses, 1493-99, (óleo sobre tabla, 122 x 83 cm.) Museo del Prado

Pedro Berruguete - Auto de Fé presidido por Santo Domingo de Guzmán, 1493-99, (óleo sobre tabla, 154 x 92 cm.) Museo del Prado

Los cátaros no tenían templos ni campanas, no veneraban imágenes ni reliquias, ni entonaban cantos religiosos, pero leían los textos bíblicos en la lengua del pueblo para que lo pudiera entender. Tampoco querían saber nada de la cruz, además consideraban las indulgencias de Roma (remisión de una penitencia a cambio de una donación monetaria) como un medio de extorsión.

Al final, fueron víctimas de una feroz persecución por parte de la Iglesia de Roma, a través de la formación de un ejército del rey de Francia que invadió los territorios "contaminados" del Languedoc, en lo que se ha denominado la Cruzada contra los albigenses, creando tribunales de la Inquisición que, presididos por los dominicos, iba enviando a la hoguera a todos los cátaros que iban encontrando, y de paso anexionando los condados y vizcondados de ese territorio a la corona de Francia durante la segunda mitad del siglo XIII.


Bibliografía

Martin, S., Los Cátaros, sus secretos revelados, Evergreen GmbH, Köln, 2008

Artículo publicado en Abril de 2015 en la Revista Digital "Qué Aprendemos Hoy".

© Ramón Muñoz López